IRON MAN CANADA 2010
2003 fue un año muy importante, especialmente el 17 de noviembre. Eran las siete de la mañana e íbamos rumbo al hospital, nacía la segunda de mis hijas. Cuando llegamos y traté de bajarme del coche… ¡No podía caminar! Un dolor intenso, las piernas no me respondían, como pude me registré y logré tener un cuarto, no solo para Mariana, sino para mí.
Pasaron las horas y nació Fernanda, me impresionó la mirada y sobre todo lo bonita que era, seguro que la estaba viendo con ojos de papá, yo en silla de ruedas, no podía caminar, fueron sentimientos encontrados de alegría y de miedo ante las circunstancias.
Pasé tres meses entre espiritistas, hueseros, quiroprácticos y demás profesionales del subejercicio de la salud, hasta que decidí operarme con un doctor formal. Del resultado de los análisis pudimos ver que me había estallado un disco de la columna afectando a la médula con sus astillas, lo que hacía que tuviera problemas con el movimiento de las piernas y en general, del lado derecho del cuerpo.
La operación fue exitosa, pero cuando el doctor me fue a visitar, me dijo que si no hacía ejercicio, las cosas no iban a mejorar, ¡Y me puse a nadar!Nunca había hecho un deporte por más de dos días, pero tenía que pensar en mi lo importante que era mi, bienestar para la familia y no me quedó de otra.
En febrero de 2004, fue mi primera clase de natación, y no conseguí llegar ni a los 25 metros. Con pocos avances en esa habilidad, a los siete meses me inscribí al Sport City, y conocí a José Luis, que muy entusiastamente me dijo que si él me entrenaba en pocos meses podría competir. El primer día de entrenamiento, no logro conseguir en una sola tirada los 50 metros, un traje de baño playero me lo hacía casi imposible, no sabía que existían las licras para nadar.
En octubre de 2005, mi primera incursión en aguas abiertas, tal y como lo auguró José Luis…. ¡Tequesquitengo!, ¡Tres kilómetros! Lo terminé, estaba muy contento, fue un logro impensable para mí, seguí con el cruce de Cancún, Escape de Alcatraz, entre otros.
Abril de 2008. Ya después de nadar y nadar, incursioné en el spining, animado me compré la bici, no me había subido a una desde que tenía 13 años. Con muchos problemas para entoclarme y después de varias caídas pude rodar por más de una hora, otro gran logro. Pensé: ya que nado y me subo a la bici, porqué no correr.
Noviembre de 2008, corro mi primera carrera de 10 kilómetros, la terminé a duras penas, pero la terminé. Me inscribí a todas las carreras que pude y ya encarrerado a un medio Ironman ¡¡¡¡Alchichica!!! Junio 2009. Inconsciente de mí, llegué a la competencia y de milagro la terminé.
Agosto 2009, necesitaba un equipo de triatlón, y entré Al Punto. Con ellos hice Cancún en septiembre de ese año, y como así todo, sin prisa, pero sin pausa, logré un tiempo un poco mejor que en Alchichica. Noviembre siguiente me aventé a Cozumel, un reto imposible, pero atendiendo a la inconsciencia nuevamente lo hice, un gran trabajo para terminarlo, pero comprobé que sí se puede, la llegada a la meta fue uno de los momentos más importantes de mi vida, había conquistado un gran desafío, imposible de creer.
Toda este camino me llevó a Canadá, Agosto de 2010, mi segundo Ironman, no sé ni como han pasado todas estas cosas, continúa esta sensación de que soy un inconsciente, pero siempre me sorprendo dándome cuenta de que ahí estoy. Y ahí estaba, fuera de mi país, listo para la competencia:
Suena el despertador, son las cuatro de la mañana, lo primero que pienso, es, ¡Ah caray, ya llegó el día! No regresaré, hasta por la noche, si bien me va.
Entre sentimientos encontrados de emoción y nerviosismo vamos a la transición, ya con algunos del equipo, como siempre es más relajante estar en compañía de los amigos. Me despido de Mariana que fue muy importante me acompañara en este viaje, me dio un apoyo increíble, que le agradezco mucho.
A las siete de la mañana empieza la nadada, entre patadas, manazos y la gran emoción de empezar el Iron. Transcurre todo el circuito, disfrutándolo, estaba en mi medio, siempre con mucha gente que no te dejaba avanzar, pero finalmente llegué, para tratar de hacer lo más rápido posible la transición y….. Cuando me subo a la bici, siento que algo me molesta, aunque parezca increíble ¡Traía el casco al revés! Para mi fortuna, pensé, no había nadie del equipo cerca, escondido en el acotamiento me cambié el casco y continué mi camino, como si no hubiera pasado nada.
Según yo, el recorrido de la bici iba a ser como cualquier ida a “La Loma”, como tantas veces me lo dijo Gaby. Pero no, lo sentí de “los panes” a “La Loma”, solo que interminable, no se acababa. Cuando por fin vi el letrero que señalaba el final de la primera subida fuerte, me dispuse a relajarme y disfrutar la bajada, nunca pensé que se me haría eterno, complicado y pesado llegar a los special needs. A partir de ese momento, ya no me costó tanto trabajo, la bajada increíble, pero muy rápida, en cualquier momento te la podías poner, pero gracias a Dios, terminé. Lo primero que hice al bajarme fue darle un beso a mi bici que se portó muy a todo dar, como siempre.
Después de la experiencia de mi transición anterior, decidí hacer ésta con más calma, no fuera a ser que me pusiera el casco para correr. Por suerte, esta vez, todo lo que necesitaba me lo puse en su lugar. Empecé a correr a un paso muy suave, pero eso si, en esta competencia, no caminé, como había sido uno de mis principales objetivos.
Al primero que vi llegando fue al coach, me dio mucho gusto saber que ya terminaba. Al pasar por los primeros diez kilómetros, fui encontrándome con los del equipo que ya venían de regreso, siempre apoyando, entre el lago y los viñedos hicieron que el tiempo pasara más rápido.
En el kilómetro 33, a nueve de la meta, me encuentro con Chava y Gaby; la coach, que durante todo la competencia iba como una guerrera, pero desgraciadamente hay cosas que no están en nuestras manos. Sin Gaby, difícilmente podríamos cumplir con estas grandes metas; siempre entregada en los entrenamientos y sobre todo es el apoyo moral para todos los del equipo. Por supuesto, no quería dejar la competencia, pero como le dijimos: “Te queremos de entrenadora y amiga por mucho tiempo, necesitamos que estés muy bien” así que decidió no continuar. ¡Felicidades CAMPEONA! Lo hiciste muy bien, eres un gran ejemplo.
Ver la meta y tener que dar todavía otra vuelta, fue lo más pesado de todo. Como siempre al llegar desbordas muchos sentimientos, pero por encima de todo: agradecimiento. Agradecimiento al equipo, los coaches y sobre todo a Mariana y a mis hijos que me apoyan con su paciencia para poder cumplir con estas metas.
¡MIL GRACIAS A TODOS USTEDES!
Miguel Cossio
