Ironman 70.3 Pucón, Chile 2017


Pucón, Chile 15 de enero 2017

Desperté con dificultades, somnoliento aún. Dormí poco la noche anterior en realidad, solo cuatro horas y media (nervios tal vez). No pude pegar el ojo rápido y se hizo tarde. Eran las 4:50 am y empezó el día de la competencia. Oscuro todavía, muy fresco y silencioso.

Me preparé durante mi hora habitual previa a competir y a las 6:00 am en punto salí de la habitación con un “te va ir muy bien y un beso de Minerva” créanme eso hace la diferencia enormemente pues, no me fui solo.

8 grados centígrados y el pronóstico del clima era de un día soleado llegando hasta los 25 grados a medio día, está vez se cumplió. El día estuvo fenomenal, sensacional, como si supiera que sería la fecha del Ironman 70.3 de Pucón.

Llegando al lugar de competencia me encuentro con una excelente organización, digna de la magnitud del evento (acá, en Chile, fue el evento del año… una fiesta en grande), muy buena recepción de los atletas, las bicis en perfectas condiciones y todo fluyendo y superando las expectativas. Prepare mi máquina y listo, a desayunar siguiendo las instrucciones de mi estrategia nutrimental.

“LA CARRERA MÁS LINDA DEL MUNDO” le dicen los chilenos, esa es la frase promocional.

Lo empecé a constatar cuando Llegué a la playa de arena negra y gravilla volcánica, fría y cortante, como si fueran vidriecillos negros que al caminar se incrustaban en mis plantas de los pies. Alcé la mirada y vi el lugar, una bahía entre cordilleras arboradas, el cielo apenas despejándose y dejando que las nubes se fueran por la temprana briza, los rayos del sol entrando entre ellas y sintiendo la culminación del rocio fresco con temblor en la mandíbula. El lago un espejo negro y las bollas amarillas al fondo. Esa fue la primera imagen.

Empecé a calentar, vi que varios triatletas entraron al agua. Me acerqué a probar con mis pies desnudos y yo ya forrado en mi traje de neopreno y pensé, que necesidad de sufrir, el agua estaba helada. Cerca de mi salieron unos chilenos diciendo, ¡una delicia, esta calientita! ¿QUÉ? Me dije en silencio. Viven acá por supuesto, así que a darle y sin llorar.

Entre a mi corral, tiempo de nado entre 20-30 minutos. Espere la alarma de largada (así le dicen acá al arranque) y listo. 2800 atletas formados con salidas de tres en tres cada tres segundos… yo estaba como en el lugar 20 de la fila y un juez con silbato hacía sonar la salida y a nadar.

El primer clavado fue de choque, en serio, el agua estaba helada así que sentí como entro hasta mis huesos, pero nadando después de 200 metros, empecé a tomarle el gusto. Trasparente, pesada y densa… lenta, con un delicioso sabor a agua dulce, dejando pasar los rayos del sol y con fondo negro por su arena. Las burbujas de los competidores se veían completas, perfectas y así comencé. Dos rectángulos con una salida a la playa corriendo 50 metros y volviendo a entrar para culminar con el segundo rectángulo. En el segundo clavado todo mejoro aún más, el agua ya estaba tibia, el sol ya salió y la competencia comenzó a tomar ritmo. Yo nadé bien, pero al salir me encuentro con la sorpresa que hice 37 minutos ¿qué, cómo?… LENTÍSIMO así que solo se me ocurre decirles que me detuvieron las sirenas de agua dulce. No siempre se da el resultado que esperas, aún así me siento satisfecho. Nadar en agua fría siempre me afecta más de la cuenta.

Corrí hasta transición con miedo en el tiempo para quitarme el neopreno y de pronto me encuentro con unas personas que acá le llaman “Stripper”, uno de ellos me grito ¡acuéstate! y levanta las piernas… suena raro pero, créame funciona. Le hice caso y Me arrancó el traje de una sin perder un segundo en el cambio de ropas para comenzar la bici. Soy fan de los stripper.

En mi transición, me encontré a Minerva, dando gritos de aliento maravillosos, habiéndome esperado ahí un buen rato y corriendo del hotel al lugar 7ks para llegar a verme salir del agua. Echar porras tiene un mérito increíble, al final ella corrió/camino casi misma distancia que yo corriendo. Es un encanto, nuevamente no me fui solo a la bici… me fui con un grito bellísimo de aliento. Le agradezco enormemente que me acompañe a estas locuras, eso es amor del bueno.

La bici un agasajo de ruta, ya con sol constante empezamos a subir 13 kilómetros, aunque el ascenso no muy pronunciado, difícil desarrollar velocidad, sin embargo bueno para calentar motores. Llegando a la cima, sentí nuevamente la frase oficial “LA CARRERA MÁS LINDA DEL MUNDO”. Una ruta verde, entre cordillera volcánica y el gigante, El Volcán Villarrica (en mapudungun (lengua nativa): Ruka Pillañ, ‘casa del pillán’) acompañándonos todo el tiempo. El cielo ya estaba despejado totalmente, al rededor verde bosque oscuro y este amigote completamente nevado por lo que pudimos verlo y rodearlo en varias ocasiones. El paisaje de la bici es el más lindo que he hecho en una competencia. Divino, una ruta realmente hermosa.

Ahora recorrer 90 kilómetros con viento fresco (más frío que fresco…), en contrasentido por tramos largos, la hace muy retadora. Si bien la altimetría no es tan demandante para las piernas, había subidas y bajadas que con el factor aire se complicaban un poco. De hecho, de regreso a Pucón, por el kilómetro 75 me empecé a saborear la bajada al centro de la ciudad y ¡oh sorpresa!… viento muy fuerte en contra, dando bofetadas inesperadas por sus ráfagas durante todo el descenso y poniendo la dirección de la bici muy nerviosita. Si no quería aumentar mi tiempo, había que pedalear para mantener la supuesta ventaja de la pendiente y eso hizo trabajar un poquito más las piernas. La posición en la máquina fue determinante, pegado a las aerobarras todo el tiempo, si llegaba a levantarme en cualquier momento de la ruta, el viento me frenaba hasta 5km por hora menos, no había de otra, todo el tiempo en forma aerodinámica. Mis brazos y espalda están sintiendo hoy dichos efectos del esfuerzo. Esta etapa todo perfecto, tiempo bien, piernas bien… mente y voluntad en perfectas condiciones.

Al llegar a la ciudad hice una transición rápida y comencé a correr. Una recorrido lleno de gente en todo momento, subiendo a un lado de la laguna y dentro de un conjunto habitacional con club de golf maravilloso. Los jardines, los árboles, las luces y sombras, las casa y los paisajes… uff, simplemente increíbles. El gigante Ruka Pillañ, el volcán apareciendo en varias secciones completo, imponente, bellísimo. Su energía me bañó de fuerza cada vez que lo miraba.

Segmentos de 7 kilómetros, de una ruta con altimetría muy agresiva, por tres veces era lo que me esperaba, sin embargo desde la primer pendiente de 20grados de inclinación, por cierto, volví a encontrarme a Minerva dando gritos increíbles con porras extraordinarias. Fue bueno verla ahí, en esa sección ya que me motivó a comenzar con un buen ritmo. Ella decidió moverse en toda la ruta estratégicamente para ayudarme a mantener el buen ánimo que traía. Es un encanto de pareja, la amo intensamente. Una de sus porras hizo reír a medio mundo…”apúrate que tengo hambre” fue en la segunda vuelta, a los 11 ks. Toda la gente alrededor pego la carcajada y puso un buen ambiente. Además, me dio hambre también.

Subir y bajar, bajar y subir… muy difícil. El sol sin nubes, pero viento fresco todo el tiempo gracias al cielo. La primera vuelta la saque relativamente rápido para mis estándares 10k en una hora, la segunda más lenta ( las piernas ya tocadas) pero no tan lento. La tercera fue la complicada (las piernas ya sin fuerza) ya que solo la voluntad y poner el cuerpo en automático fue lo que me funcionó. Cada paso, fue constante, más lento que las dos anteriores pero sin lesiones, con ritmo y decidió a terminar entero, satisfecho y feliz.

Y así fue… “LA CARRERA MÁS LINDA DEL MUNDO” es mía. Chile nos recibió muy bien, es un gran país para hacer turismo, su gente es hermosa y bastante accesible en todos sentidos . No se la pierdan, agéndenla que es una de esas que, los que estamos en este deporte, no podemos dejarla pasar en la vida. La recomiendo ampliamente.

Gracias a todos.

Jaime C.